jueves, 24 de enero de 2013

Subida a la Cresta del Gallo

Para conmemorar el vigésimo quinto bicumpLeaños de MigueL, el susodicho organizó una subida a la cresta del Gallo por los Lages el pasado 12 de enero. A las 10:30 quedamos en la entrada de Algezares (no en el campo de fútbol, como entendió algún despistao) un batallón compuesto por el susodicho organizador, Irene, Raúl, Pepe, Ángeles, Pedro, unas 1.500 personas más (aprox.) y la perrita Momo.

Entre saludarnos, organizarnos y volvernos a saludar ("¿te he deseado ya feliz año?") salimos de la casa del susodicho hacia las 11:00, iniciando la subida hasta el Pico de la Panocha en animada conversación, confraternizando los unos con los otros y comprobando que Murcia es un pañuelo en el que entre dos personas cualesquiera no se llega a los famosos 6 grados de separación.

Y así, hablando de grafos matemáticos, de San Silvestres y medias maratones, llegamos al Pico de la Panocha a eso de las 12:30, disfrutando de la hermosa vista de los Mamellones, así como del paisaje.

De vuelta a Algezares, vemos los mojones que el susodicho ha ido dejando por el monte para facilitar a los excursionistas orientarse por el sendero (esta frase no es un chiste escatológico, mal pensados) así como un horno de yeso, lo que nos permite a todos recordar nuestros amplios conocimientos lingüísticos y, en particular, que el topónimo "Algezares" proviene de "Al Jezar", palabra árabe que significa "yeso". Llegamos al patio trasero de la casa del susodicho a eso de las 14:00, tras haber recorrido unos 8,5 kilómetros según el podómetro del cronista (esta frase tampoco es escatológica, mal pensados).

Desde ese momento hasta el de la retirada, nos dedicamos a comer entrantes, beber, comer ensalada, beber, comer carne a la brasa, beber, comer tarta,... Creo que lo pilláis. Ah, sí, y regalamos un piolet al susodicho, que nos agradeció la asistencia con un discurso sencillo pero emotivo pronunciado desde lo alto de una silla. Seguramente se quedó con las ganas de agradecer la presencia sólo a los amigos que llegaron limpitos (porque no hicieron la excursión) o que se cambiaron de ropa al llegar a su casa pero la buena educación hizo su labor y nos citó a todos.

Cresta del Gallo - Público

miércoles, 9 de enero de 2013

Los Mamellones, con dos... coches

Hace mucho, mucho tiempo... (para ser exactos, el 1 de noviembre del pasado 2012)

Irene propuso como aperitivo de la rajotemporada 2012-2013 una excursión por la sierra del Garruchal, subir 5 pequeños picos de arenisca llamados Los Mamellones en honor a las teticas del chato ibérico "murcianico style". A esta excursión se apuntaron Miguel, Pedro y varios amigos de Miguel e Irene (Fran, Juan, Carolina, Teresa y la perrita Momo).

Tras una recogida "a plazos" de los excursionistas (por Algezares y San José de la Vega) y recorrer en dos coches el trayecto que nos separa del inicio de la ruta, iniciamos la misma a eso de las 11:00 con una primera subida que se lleva casi todo el desnivel de la ruta, una buena manera de recuperar la forma. O de perderla definitivamente...

En lo alto del primer mamellón (y aprovechando el tiempo soleado y despejado, con poco calor y menos viento) disfrutamos de las vistas y del contraste entre el paisaje lunar de un lado de la sierra y el follaje del otro. Y seguimos trepando mamellones, mamellón p'arriba, mamellón p'abajo hasta llegar al mamellón número cinco (¿estoy enfermo o me está saliendo una crónica muy erótica?), en el que vemos a un pajarraco en el cielo (¿un águila?) e iniciamos la bajada casi culi-a-ras-del-sueli y, como no podía ser menos, un rato de campo-atravesismo que por poco no nos lleva al campo de Cartagena.

En fin, que tras unas tres horas de ruta y saludar a un agricultor autosuficiente que resulta ser un ex-compañero de colegio de Sir Peter, nos despedimos del país del búho cogiendo (perdón, tomando) un autobús que nos lleva a la mayoría (Carolina, Teresa y Momo no se pueden apuntar en esta ocasión) hasta la venta del Garruchal, momento inmortalizado en el álbum público que a continuación se muestra.

Los Mamellones - Público


Como no llevábamos GPS ni ná de eso, no podemos poner mapa de la excursión, pero la buscáis en Gúgel Erz si sus apetece. He disho.

sábado, 20 de octubre de 2012

Inicio de la temporada senderista 2012-2013

Ahora que está a punto de comenzar la temporada senderista 2012-2013, un pequeño homenaje al Rey, que no va a poder liderar todas las excursiones en esta rajotemporada:



(Visto en las vacaciones veraniegas por Patxilandia de Sir Peter, la Negociadora y Mati)

lunes, 28 de mayo de 2012

El Relojero y la muralla de Ki(ng)-Ko(ng)


¿A qué no sabes dónde he vuelto hoy? Donde solíamos triscar.  Pero no fue nada fácil llegar a la ermita de la Luz, donde en teoría empezaba la excursión a las 9:15. Al menos uno de los coches (en el que viajaban Victoria, Juan Ignacio y Pedro) tuvo que sortear a los amables lugareños de La Alberca que insistían en dirigirlos a la ermita del Carmen o, en su defecto, al Santuario de la Fuensanta. Total, puestos a rezar por la salvación del CB Murcia, igual da una ermita que otra, para qué ir al santuario de La Luz.

No obstante, gracias al maravilloso sentido de la orientación de Pedro ("pues será por allí... o quizás por allá"), a la memoria fotográfica de Victoria ("por aquí ya hemos pasado lo menos dos veces") y a los atinados consejos de Juan Ignacio ("esto en Cartagena no pasa, allí todas las calles son ortogonales entre sí, no como estos laberintos murcianos"), a las 9:30 pudo empezar la excursión con los ya citados más Víctor, Raúl, Miguel D, Isa, Javi R, Fran Frutos y Antonio.

La primera subida nos lleva, tras un rato de sufrimiento que reduce al mínimo la charla, al mirador desde el que se contempla toda la Huerta del Segura, donde ríe una huertana, hasta que llega a la caja de IKEA y se da cuenta de que ha perdido su tarjeta IKEA Family. Así que, como buenos benefactores que somos del mundo mundial, nos dirigimos hacia el Relojero, buscando (y encontrando) la susodicha tarjeta.





Una vez allí nos dirigimos hacia la que creíamos que era la muralla de King-Kong y que resultó ser ... ¡la muralla de Kiko! En su cumbre definimos un nuevo rajotérmino, el "factor H", que hace referencia a aquellos temas ante los que uno se queda mudo y sin palabras.




Tras una parada de avituallamiento a la sombra de unos pinos, tomando pistachos y departiendo sobre geopolítica austral (planteando, entre otras cosas, la nacionalización de Higuaín y Messi), decidimos bajar por una rambla por la que hemos visto subir casi silbando a dos tipos que a posteriori sospechamos que se trataba de dos elfos, porque desde luego la bajada no era trivial, es el récord de bajada en cuclillas (hablando en plata, bajada arrastraculos) de una rajoexcursión, por lo menos bajamos así 50 o 100 kilómetros. Hay que mencionar el aplomo y la serenidad que Fran Frutos transmitió a Antonio, evitando que acabara besando un árbol. Además, Antonio ha prometido hacer examen de conciencia y no venir a excursiones de montaña con zapatillas deportivas y pantalones de chándal de una talla superior a la suya. Que la excursión no era rajolight...

Al llegar al final de la bajada exclamamos voz en grito "¡No más resbalón!", pues, tras la misma ya sólo nos quedaba un rato de paseo por el arcén de la carretera hasta La Charca, donde la mayoría (todos, salvo Víctor, Raúl y Miguel D) a las 14:30 tomamos un P.I.C.N.I.C. con Irene, Miguel y Ana M mientras los jóvenes y treintañeros inmaduros se preparan para volver al festival indie local...

Muralla de King King - Público

Debido a problemas con el GPS no se pudo trazar la excursión.

lunes, 23 de abril de 2012

Sagra: ¡Ain't no Mountain High Enough!


Espectacular excursión con un tiempo que finalmente acompañó, aunque eso sí, le dio una nota de emoción a la ruta. Unos días antes era prácticamente imposible divisar la cumbre (http://www.almaciles.com/webcam/la-sagra.html) por la espesa capa de nubes y cuando, apenas, se dejaba entrever aparecía recubierta de una capa blanca de nieve. ¡Dilema!, que ropa me llevo. Un telefonazo, al experimentado organizador del evento, y toda duda quedó despejada: “Hay que llevarse de todo, que nunca se sabe, y menos en la Sagra”. No sé por qué pero esa retahíla me suena.


Armados hasta arriba: corto y largo, traspirable e impermeable, todo en repuesto, calcetines y botas, gorro, guantes y unas polainas por si acaso. Todos preparados salvo Jose, que aunque puntual esta vez eso sí (8:30 en punto OESTE), por algún infortunio del destino, que no quise indagar, apareció sin el equipo que, según él, dejó preparado, en no sé que coche. Esto que puede parecer un problema para el resto de la comitiva, no lo fue para el Gran Jose, que demostró, que no hay elemento que se le interponga ni montaña que no pueda cruzar (¡Ain’t no mountain High!, ¡ain’t no valley low!,.. http://www.youtube.com/watch?v=Xz-UvQYAmbg ). Era el único que, si después de la ruta nos hubiéramos ido de cañas por pleno centro de Murcia, no hubiera desentonado. Y es que con sus zapatillas Casual, su pantalón de pana, camiseta primaveral actual marcando “Marca” y sus gafas de ciudad, cualquiera lo hubiera dicho, abrió nuevas vías al grupo por la nieve, partió las sujeciones de las que, según Victor, eran las mejores polainas que había en la tienda y todo eso sin despeinarse ni necesitar protector. Vicky, el mismo Jeti, me contaron unos excursionistas que se lo encontraron, estaba acojonao de encontrarse con nuestro grupo. ¡No digo más!.
Prosigo con un poco de bitácora secuencial, que alguno se me despista. El viaje de ida se hizo en dos coches, el del organizador y los cuñaos, y el del menda con Pepe y F.Frutos. Transcurrió sin pormenores (Fran nos puso los dientes largos con sus planes), realizamos una parada para repostar y avituallar a Jose (pedazo de bocata gigante de tortilla por dos leuros); más adelante se anexa al grupo Miguel que procede de Caudete. Las engañosas indicaciones no logran despistar al avezado Victor y plantamos los coches junto a la ermita de la Santa (enclave pintoresco por sus cascadas naturales, apto para futuros planes B).


Digno de mención en nuestro ascenso es la casi total ausencia de procesionaria en los pinos. Esto se agradece ya que es una plaga que ensombrece muchas rutas. La ascensión discurrió por un lecho mojado y tierra mullida y cargada de vegetación. El camino inicial se hizo bastante bien a pesar de lo inclinado; los comentarios del tipo: “yo es que estoy 10 días sin hacer nada y eso se nota”, “yo acabo de salir convaleciente de un esguince”, “yo es que no he venido preparado”. ¡Jodíos!, pues bien que subíais…
Tres repechos, de los que se comenta, “¿pero una vez que pasemos esa cima ya hemos llegado, no?”. ¡Pues no!, aún queda otra. A partir, de la segunda loma aparece la nieve y, como siempre, uno no escarmienta. Nos hundimos hasta la rodilla (es verdad Vicky, lo juro) y nos entró nieve en las botas, cuando a Miguel se le ocurrió la gran idea: “he pensado que me voy a poner las polainas”; como somos muy gregarios y copiones, a todos nos pareció lo mejor y nos dispusimos a imitarlo, eso sí con los pies ya fresquicos.


Como suele ser habitual el grupo se estiró con Jose y Pepe a la cabeza y el resto del grupo rajando, que si, “no se les ve”, que si, “como un día pase algo”… En resumen los tramos más escarpados los superaron algunos con más gloria y otros con más pena pero, finalmente nos plantamos en el espectacular paseo por la loma que lleva hasta el punto geodésico más alto. Las vistas te dejaban sin palabras. La sierra de Cazorla aparecía como una suerte de pequeñas cimas salpicadas de nieve y la insufrible Guillimona parecía insignificante bajo nosotros. Flanqueamos el impresionante embudo (por si alguien esta interesado en subir por ahí que no se moleste en avisarme) acompañados con una abundante nieve a nuestra izquierda. El viento dejaba claro que no comeríamos junto al punto geodésico, y eso que estaba de lo más ambientado. Tras dejar huella en el libro de firmas y realizar todo tipo de monadas en las fotos empezamos el descenso.
Se hizo más difícil que la subida, en algunos puntos la nieve recién fundida formaba zonas resbaladizas. No obstante todo transcurrió sin percances. En la parada para comer pulularon los bocadillos gigantes y hasta unos sibaritas raviolis al resguardo del reservado de Victor.


La bajada se nos hizo algo larga, quizá por esos atajos que no se tomaron, quizá por esas rodillas que chirriaban, quizá, en mi caso, por las botas que me están pequeñas (41 y 1/2) y voy a vender en eBay.
Sea como fuere, llegamos enteritos y puesto que íbamos bien de tiempo nos tomamos un café y helado en la Puebla de Don Fadrique, lugar en que nos despedimos del entrañable Miguel y salimos pitando para ver a tiempo el Madrid-Barsa.


Para finalizar y cambiando de tema os dejo con una noticia de actualidad muy tierna... Qbo conoce a Qbo:
http://es.engadget.com/2011/12/29/qbo-conoce-a-qbo-una-historia-de-amor-a-primera-vista/
La Sagra - 2012. Público

Los datos estadísticos son:
Punto de partida: Desde Caravaca, tomamos la carretera C-330 /A330 en sentido Andalucía hasta llegar a La Puebla de Don Fadrique. Justo a la entrada del pueblo tomamos la carretera A-317 en dirección a Santiago de la Espada, tras un par de kilómetros por esta carretera tomamos el desvío a la izquierda GR-9100 que nos lleva en dirección a los collados de la Sagra. Tras varios kilómetros por esta carretera tomamos un desvío a la izquierda que nos lleva al área recreativa de Las Santas.

Distancia 15,5 Km
Desnivel acumulado 1150 metros
Tiempo empleado 5:10 horas de ruta
KCalorías consumidas 1200
Velocidad media 3 Km/h

El track de la ruta está disponible en el enlace http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1617005

Y el mapa de la zona donde está la excursión así como la ruta seguida es:

domingo, 25 de marzo de 2012

Barranco del infierno. Ruta de los 6000 escalones

La jornada comienza a las 8:30 en el punto de salida Este, donde el rajogrupo parte en dos vehículos: en el primero, abriendo camino, van Victoria, Isa, Víctor y Juan Ignacio, mientras que en el segundo viajan Pepe (¿Pepe? pero, ¿Pepe vino?), Raúl y Fran Frutos.
En paralelo, desde un punto de salida desconocido para el narrador, parten Miguel Díaz y Antonio.

Durante la parte del trayecto que transcurre por autovía no hay grandes incidencias (bueno, salvo que en uno de los coches -no diremos cuál para salvaguardar la privacidad de las conversaciones- al intentar los hombres divagar sobre las posibilidades de salvación del equipo local de baloncesto, son castigados por la parte femenina con una disquisición acerca de los vestidos para las bodas, sus colores y las combinaciones con los diversos complementos).
Durante la segunda parte del trayecto, una vez abandonada la autovía, tampoco ocurrieron grandes incidencias: no terminamos cogiendo la salida del hospital porque fuéramos en sentido contrario e intentáramos recuperar el correcto, no, sino por estudiar el estado de la sanidad en la Comunidad Valenciana; no hablamos con los habitantes de los distintos pueblos por los que pasábamos para preguntar el camino, no, sino por establecer contacto con los autóctonos; no echamos pestes de la falta de señalización en las carreteras comarcales de la zona porque la necesitáramos, no, sino preocupándonos por gente menos ducha que nosotros; no llamamos en repetidas ocasiones a Miguel y a Antonio para saber como leches llegar, no, sino por darles conversación.
Como iba diciendo este humilde narrador, llegamos al bonito pueblo de Fleix sin mayores incidencias, eso sí, un buen rato después de lo previsto, aunque no sabemos muy bien por qué causa. Una vez allí, ya reunido todo el grupo, lo primero que comprobamos es que el progreso y la civilización se van abriendo camino por toda la geografía española: dicen las leyendas de los primeros tiempos rajosenderistas, cuando ya se hizo esta ruta, que no había bar en el pueblo... pues ya lo hay, circunstancia que algunos intrépidos miembros aprovecharon para visitar el excusado mientras el resto se hidrataban y alimentaban con zumos y barritas energéticas (¡¡¡ay, los del excusado, luego pagarían con creces esta osadía!!!).

La ruta comienza en un bonito lavadero. Dado el calor que hacía este día y, más aún, el que se supone se avecinaba, algunos pensamos que hubiera sido mejor traerse un bañador y meterse en el agüita antes que lanzarse barranco arriba/barranco abajo por el Vall de Laguar.
Finalmente, desistimos de la idea y comenzamos la ruta, que estaba perfectamente señalizada: “esto, ejem, si por aquí no es, anda que vaya día llevamos hoy...., mejor damos la vuelta, ¿no?”.
A todo esto, vemos que una pareja sigue nuestros pasos (guiándose de nuestro supuesto conocimiento), por lo que decidimos -pensando en ellos- hacer acto de constricción y no equivocarnos más pues, como diría Spiderman, “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

Puestos ya en ruta por el camino correcto, se establece una pequeña discusión para ver quien es el responsable de contar los escalones (¿serán realmente 6.000, como se dice por ahí?) que componen la ruta. El narrador propone, para no dejar toda la responsabilidad en una única persona, que alguien se encargue de contar los pares y otro los impares. Su propuesta no es aceptada y, al no llegar a ningún acuerdo, no se cuentan los escalones. Eso sí, ya puedo adelantar que eran muchos, pero muchos, muchos.... Las disquisiciones sobre quien es el culpable del lamentable estado de los mismos, el ingeniero que los diseñó, el contratista que los construyó o la administración que no los mantiene, solo son comprensibles bajo un sol de justicia que ya comenzaba, nada más salir, a nublar nuestro correcto entendimiento.

A diferencia de otras rutas en que la secuencia es subida-bajada, subida-bajada, … en este caso era la contraria, dado que recorríamos barrancos, no picos: bajada-subida, bajada-subida, etc...
Así, comenzamos bajando nuestros millares de escalones, incómodos por la irregularidad de estos y la climatología, pero sin sufrir un cansancio excesivo.
Pero esto -como todo lo bueno- no duró mucho, y una vez llegados al lecho de lo que en algún momento pretérito fue un caudal de agua, comenzó la primera subida, mediante una escalera zigzagueante e interminable. Aquí, el grupo se dividió en tres partes: Pepe, que desapareció literalmente él solito, el grupo de vanguardia y el de retaguardia (de momento, por necesidades narrativas, ocultaremos la membresía de cada uno de ellos; baste decir que este humilde narrador iba en el primero de los grupos). Como anécdota, comentaremos que me percaté de que Antonio no llevaba botas de montaña sino deportivos; preguntado sobre esto, el interesado le dijo “como esta excursión es light, he decidido venir con deportivos” (“bueno -pensó para sí mismo el narrador- él sabrá”)
Tras un largo rato de subida, el grupo delantero llegó a una intersección del camino, casi al lado de la cumbre, donde esperó al grupo trasero y se produjo el reagrupamiento, a excepción de Pepe, que nadie había visto desde que saliera “escopetao” al comienzo de la ruta; ya comenzábamos a dudar de si realmente había venido o nos engañaba la mente (y, si había venido, ¿había tomado el camino correcto en la bifurcación?).

Comenzamos la segunda bajada, no dejando de buscar con la mirada a Pepe (para esto, no sé por qué, achinábamos los ojos y mirábamos más allá del barranco). Incluso llegamos a preguntar a un grupo de senderistas que iban en dirección contraria si había visto un chaval con camiseta azul, con la mala suerte de que eran alemanes y nos dijeron algo que no llegamos a comprender; como justa venganza, nosotros les dijimos un improperio, acordándonos de “la Merkel”. En resumen, Pepe no aparecía por ningún sitio, y esto comenzaba ya a preocuparnos.

En la bajada, la facción femenina que, ya podemos decirlo, iba en el grupo de retaguardia, acompañada por Miguel, se percataron de que Antonio iba en deportivos y le volvieron a preguntar por el tema, a lo que este, coherente, volvía a utilizar el adjetivo “light”: el rojo de la ira se unió al rojo del esfuerzo en los rostros de Isa y Victoria (recordad lo de “light”, queridos lectores, que tendrá más importancia según avance la trama).
Esta segunda bajada, con su segunda subida, aún teniendo algún escalón, era principalmente senda por un incómodo terreno pedregoso. Solo podemos decir que la segunda subida fue, también, de mucho esfuerzo: tal vez la más corta, pero no por ello la más suave, sino todo lo contrario por la pendiente y la dificultad técnica.

En este segundo cénit hubo una nueva reagrupación y, ¡oh, milagro!, también estaba allí Pepe: no nos engañaba la mente, había venido con nosotros por la mañana. Eso sí, ya se había tomado su plato de pasta rellena así como echado una cabezadita; en fin...
Los demás comenzamos a comer nuestros bocadillos recalentados por la inclemente meteorología acompañados por la sopa primigenia en que se había convertido el líquido que contenía nuestras cantimploras, mientras una pareja que había subido por otro camino en un 4x4 se tomaba sus cervezas fresquitas, recién salidas de su nevera; para colmo, el perro que traían intentaba comerse nuestras galletas: nuestra última reserva de azúcar para acometer la última subida de la jornada, y que por tanto defendimos con ahínco.

A “uno” del grupo se le ocurrió mirar detrás de la tapia que nos daba sombra (bueno, lo diré, ese “uno” era Pepe, que como ya había comido hace tiempo, se aburría y daba paseillos por allí) para martirizarnos con el descubrimiento de lo que se veía en lontananza, lo que nos faltaba, una subida larguísima (vamos, aún más que la “Autopista hacia el cielo” de Michael Landon; Isa, tú tendrás que mirarlo en el IMDB, que no es de tu época) a la que no se le veía fin.

Con paciencia y resignación comenzamos la tercera bajada y subida, con la diferencia de que este narrador decidió incrustarse en el grupo de retaguardia con vistas a poder escribir la rajocrónica desde todos los puntos de vista.
Como hecho destacable de la bajada, cuando las fuerzas aún daban para hablar, es la bonita disertación detallada y ejemplificada de los distintos métodos de depilación permanente (laser, diodo, etc..) que existen, con sus pros y sus contras, sus precios y sus descuentos, metodología y centros de aplicación, con que las “miembras” regalaron los oídos de los “miembros”.
Volviendo a la ruta en sí, comentar que tanto bajada como subida volvían a ser, completamente, una interminable retahila de escalones. En particular, la subida fue larguísima, con diferencia la más larga de las tres. Posiblemente era la más tendida, pero entre el cansancio acumulado, la longitud de la misma y que esta ladera nos dejaba completamente expuestos al sol, se hizo a un ritmo lento, intentado extraer la últimas fuerzas que ya no nos quedaban.
Esta narrador oía gruñir sin descanso a otra de las senderistas un ruido gutural, casi inhumano, que tras mucho procesar, descubrió que era algo así como “light, mecaguenlaleche, light....” al tiempo que intentaba determinar, sin atreverse a alzar la mirada, si los pájaros que sonaban sobre sus cabezas eran cuervos o buitres.
A mitad de subida el narrador estableció una teoría (influenciado sin duda por el nombre de la ruta, “El barranco del infierno”): tuvimos un accidente de tráfico en el viaje de ida, morimos todos y esto no era sino el infierno, condenados a subir una eterna secuencia de escalones bajo un sol de mediodía; la prueba sería que, cuando hubiéramos creído terminar, no estaríamos sino en el punto de partida para volver a comenzar; ningún componente de la retaguardia juzgó disparatada esta teoría, dada nuestra experiencia actual, y solo nos arrepentimos de lo malos que tuvimos que haber sido en nuestra vida terrena para merecer tal castigo, al tiempo que nos planteábamos si habría alguna posibilidad de volvernos buenos y piadosos creyentes para revertir nuestra situación.

Pero como, pese a todo, nada es eterno (cosas de la entropía), llegamos arriba todos, donde estaba esperando el grupo de vanguardia y nos reagrupamos de nuevo para, tras una breve caminata a orilla de la carretera en ligera pendiente descendiente, llegar a Fleix (durante este trayecto estuvimos a punto de ser atropellados dos veces por sendos coches alemanes conducidos por bellas señoritas de rubia cabellera; pensamos poner de nuestra parte y dejarnos atropellar, creyendo que sería una muerte dulce, pero recordamos el posible infierno que nos esperaba y decidimos saltar en el último momento a la cuneta con gran agilidad pese a lo castigado de nuestros cuerpos).
La banda sonora de la jornada apareció de forma inesperada en en esta parte final del trayecto, cuando caminado junto a la línea discontinua de la calzada, e inspirados por la larga marcha que habíamos sufrido, todos comenzamos a silbar instintivamente esta bonita melodía usada en un conocido gag de nuestra juventud: http://www.youtube.com/watch?v=hpJrKTVFVIM

Ya en Fleix, mientras rajábamos un rato, tomamos diversas bebidas reconstituyentes, con alto contenido en azúcar y cafeína que nos permitieran, como mínimo, poder manejar los vehículos en el viaje de vuelta. En este, la distribución de los viajeros fue idéntica a la ida; de nuevo, en uno de ellos (que tampoco diré esta vez cuál era), la facción femenina intentó hacer luz de gas a la facción masculina con un listado de colores de imposible existencia: rosa palo, blanco roto, gradaciones de violeta, etc.... y no sigo porque solo de pensarlo me mareo.

Llegamos al punto de salida Este, y el narrador da por finalizada la jornada y la crónica.

Pd.: tal vez deba pedir perdón por la longitud excesiva de la rajocrónica, cercana al ladrillo, pero bueno, Proust dejó que su “narrador” se extendiera durante 7 volúmenes de muchos cientos de páginas y ha pasado a la historia por ello, ¿por que no voy a poder yo extenderme durante un par de miles de palabras -bastante menos que los seis mil escalones? ;-)

Barranco del infierno - Público - (Fotos de Víctor)
Los datos estadísticos son:
Punto de partida: Desde Ondara (Alicante), cogemos la carretera CV-731 en sentido Orba. Tras llegar a Orba cogemos la CV-718 y a los 3 Kms cogemos la 721 sentido Fleix/Benimaurell . En Fleix dejamos los coches y comenzamos la ruta.
Distancia 16 Km
Desnivel acumulado 1000 metros
Tiempo empleado 4:30 horas de ruta
KCalorías consumidas 1300
Velocidad media 3,6 Km/h

El track de la ruta está disponible en el enlace http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2611935

Y el mapa de la zona donde está la excursión así como la ruta seguida es:


lunes, 27 de febrero de 2012

Subida a El Obispo y Revolcadores

A las 8:45 salimos en dos coches rumbo a Moratalla, en uno viajan Pepe, Fran Frutos, Mati y Pedro y en el otro Raúl, Víctor, Isa y Francisco.

Llegamos a Inazares (para el que no lo sepa, el pueblo de la Región de Murcia que tiene el cielo más limpio para la observación astronómica) donde se nos une Miguel Díaz para empezar la excursión con un tiempo muy bueno, mucho mejor que el de las semanas anteriores, dónde va a parar. Además, recorremos la ruta casi sin más excursionistas, esto no parece la M-30, como sucedió el año pasado.

Lo que sí encontramos son muchos bichos, bueno, al menos huellas de ellos (conejos, jabalíes), pues huyen despavoridos ante la llegada de gente tan bravía como nosotros. La única excepción es un perro San Bernardo de otros excursionistas, que se nos acerca corriendo, menos mal que se le ve juguetón y pacífico, o habríamos pasado un rato de miedito.

Aunque la ruta empezó con poca nieve, llegó un momento (tras la primera ascensión) en el que la mayoría pasaron a usar las polainas. El resto se las pusieron al comenzar la segunda, bueno en el caso de Francisco necesitó una mano femenina que le echara una mano (valga la rebuznancia) con su(s) cremallera(s), lo que dió origen a la canción de la excursión, cuyo estribillo dice "Las polainas / hay que ponerlas ya".

Para los no asistentes, la música suena muy parecida a la de estos clásicos frikis:

http://www.youtube.com/watch?v=7_rBidCkJxo

http://www.youtube.com/watch?v=TFtt3Tgw8VY

¿He dicho que todos se pusieron las polainas? ¡No!, un pequeño grupo de rajoterapistas (compuesto por Raúl y su sombra) se pasó la excursión des-polainado, toda una declaración de principios y tozudez. En cualquier caso, a la retaguardia le vino bien, para ir acompañados parte de la ascención y rajar en buena compañía de ausentes y presentes, como manda la tradición. La retaguardia la formaron Isa, con su capacidad respiratoria reducida por una bronquitis, y Pedro, que iba con una rodilla tocada y mucho morro.

En la vanguardia de la excursión también pasaron cosas, pero como el cronista iba donde iba no se enteró, sólo puede asegurar que ellos también rajaron de ausentes y presentes, como manda la tradición.

La retaguardia de la excursión llegó al primer pico a las 13:00 y, tras un microsegundo de descanso, todos juntos nos dirigimos al segundo pico, adonde llegamos 15 o 20 minutos más tarde, con el tiempo justo para echar dos fotos y avisar a los del restaurante de que íbamos a llegar media hora tarde antes de iniciar la vuelta a los coches.

Durante la bajada hubo un rato en el que Pedro e Isa se despistaron y se separaron un poco del grupo. No entramos en detalles de lo que allí ocurrió por pudor. Baste decir que Isa acabó con la mano en un espino (como no vino Irene, no sabemos el nombre científico, pero en inglés se dice hawtorn. Toma ya). Isa, al menos no acabaste con las posaderas (bonito término) posadas en el barro del sendero, como le aconteció a Mati. ¡Huy, lo que se me ha escapado!

Hacia las 15:30 llegamos al restaurante "El Nogal", donde nos dimos el merecido rajohomenaje antes de volver a casa.

Revolcadores - Público - (Fotos de Víctor)



Los datos estadísticos son:
Punto de partida: Desde Caravaca, cogemos la carretera C-330 en sentido Andalucía. Tras unos 25 kilómetros por esta carretera tomamos el desvío a la derecha que nos lleva a la aldea de Inazares. Es ahí donde comienza la ruta .
Distancia 15 Km
Desnivel acumulado 900 metros
Tiempo empleado 5:00 horas de ruta
KCalorías consumidas 1200
Velocidad media 3 Km/h

El track de la ruta está disponible en el enlace http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1433073

Y el mapa de la zona donde está la excursión así como la ruta seguida es:




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